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Año XXVI, Número 47, enero 2026

       Depósito Legal M-34.164-2001
             ISSN 1695-6214


                                                       El nacionalismo aragonés desde sus orígenes



                     Fijándonos en nuestra afirmación bien patriótica, alguien habrá que hará un gesto
              irónico  y  en  vano  hallará  la  representación  del  nacionalismo  aragonés,  pues,  que

              aparentemente,  en  ninguna  parte  aparece  la  manifestación  de  nuestro  sentimiento

              nacional, si no es en las modernas publicaciones que nosotros editamos.


                     Eso es cierto, es verdad; pero no olvidemos que, de la personalidad colectiva, no
              somos los hombres de ahora precisamente los que debemos llevar la representación;

              tenemos  una  Historia,  la  Historia  de  Aragón,  y  delante  de  ella  no  cuesta  mucho
              evidenciar la afirmación de nuestro carácter y de la existencia de nuestra raza.



                     El  sentimiento  nacionalista  aragonés  se  mantiene  y  manifiesta  en  un  símbolo
              viviente, que es la bandera nuestra, la bandera barrada, la cual, mientras la mantuvieran

              los  hijos  de  la  patria,  no  toleramos  ¡nunca!  que  ninguno  la  ultraje.  Llevándola
              desplegada  por  los  anchos  mares,  engrandeciendo  la  propia  influencia  libertadora  y

              civilizadora, respetando y acatando las libertades ya establecidas, la señera catalana y
              el pendón barrado nuestro en fraternal unión, reunidos por íntima concordia; la historia

              no recuerda otro semejante.


                     La afirmación del carácter nacionalista nuestro, del sentimiento colectivo de los

              aragoneses,  debe  manifestarse  siempre  acentuándolo  cada  vez  más,  el  deseo  de
              demostrar delante del mundo y de la civilización presente que somos y queremos ser un

              pueblo digno, rehusando todas las pequeñeces e íntimos atributos que nos embocallado

              [sic]  de  un  modo  estupendo,  en  una  falsa  aureola  de  pueblo  brutal,  compuesto  de
              hombres testarudos sin civilización ni cultura, sujetos a la veneración de una serie de

              anacronismos…


                     Al  [sic]  esconder  nuestro  carácter,  es  esconder  nuestra  propia  alma,  negar
              nuestra vida, ahogar nuestra existencia.


                     Aragón como pueblo libre, como pueblo culto, lleno de grandeza y riquezas no

              puede, no debe ocultarse en el olvido, es menester que se mueva, que se anime, que se

              transforme en su libertad perdida y pasada, pero a la moderna.





                         Historia Digital, XXVI, 47, (2026). ISSN 1695-6214 © G. Gracia Guinovart, 2026                  P á g i n a  | 79
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