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Año XXVI, Número 47, enero 2026

       Depósito Legal M-34.164-2001
             ISSN 1695-6214


                                         Reforma administrativa, economía, y medios de producción con la llegada…



                     A pesar de todo, Roma logró remontar esta crisis, y después del peligro, necesitó
              reorganizarse  de  nuevo.  Esta  renovación  se  dio  a  finales  del  siglo  III  y  IV  con

              Diocleciano y Constantino.


                     El gobierno de Diocleciano


                     Con  la  llegada  al  poder  de  Diocleciano  en  284  se  detuvo  el  proceso  de

              disgregación del Imperio. Elegido por los soldados, intentó poner fin a la Anarquía Militar
              mediante la creación de un sistema sucesorio que impedía los pronunciamientos y que,

              al mismo tiempo, asegurase una mayor defensa de las tierras imperiales a través de una

              división  de  las  funciones.  En  286,  asoció  a  su  mandato  a  Maximiano  y,  6  años  más
              tarde, a Constancio y a Galerio, que recibieron el título de césares, mientras Diocleciano

              y  Maximino  se  reservaron  el  de  augustos.  Los  augustos  decidían  y  los  césares
              ejecutaban; cada uno tenía bajo su vigilancia una región determinada que controlaban

              desde Milán, Tréveris, Nicomedia y Sirmiun. A pesar de esta división territorial y forma
              de gobierno de los cuatro, Tetrarquía, se mantuvo la unidad del Imperio; ambos césares

              dependían  de  sus  respectivos  augustos,  y  todo  el  territorio  estaba  sometido  a  las

              mismas leyes .
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                     Diocleciano  era  todavía  un  adepto  de  la  antigua  idea  del  soberano  como
              magistrado supremo del poder imperial encarnado en el hombre mejor o en los hombres

              mejores en el princeps o en los principes. Pero, no obstante, hizo resaltar el carácter.

              sobrenatural  y  sagrado  de  su  poder,  expresándolo  por  medio  de  la  identificación  del
              emperador  con  la  divinidad  y  con  la  introducción  del  ceremonial  oriental  en  la  corte

              imperial.  La  tendencia  que así hubo de  manifestarse  no era ninguna  novedad.  Varios
              emperadores habían tratado ya de imponerla; Calígula, Nerón, Domiciano, Heliogábalo y

              Aureliano. Pero los cristianos rechazaban decididamente todas estas divinidades y se
                                                                                     3
              negaban a reconocer en un hombre, la encarnación viva de Dios . Los cristianos al no



            2 MARTIN, J. L., 1987: 77

            3 ROSTOVTZEFF, M.,1981: 453,454




                      Historia Digital, XXVI, 47, (2026). ISSN 1695-6214 © M. Caballero Espericueta, 2026                  P á g i n a  | 119
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