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Año XXVI, Número 47, enero 2026

       Depósito Legal M-34.164-2001
             ISSN 1695-6214


                                         Severiano Martínez Anido, condicionantes durante su infancia…



              Ultramar en Cuba, Puerto Rico, Guam y las Islas Filipinas. Un total de 60 regimientos de
              Infantería de Línea, 20 batallones de Infantería Ligera y una reserva, que listaba otros

              138 batallones más, componían las unidades peninsulares. El número de oficiales, sin

              embargo, era suficiente para cubrir las necesidades por lo que algunos alféreces, recién
              salidos  de  la  Academia,  quedaban  como  excedentes  y  sin  disponer  siquiera  de  un

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              destino al que acudir .

                     El Ejército de Cataluña, al que fue destinado Severiano Martínez Anido, contaba
              con  dos  divisiones  de  Infantería,  que  sumaban  en  total  5  brigadas.  Las  unidades

              estaban sobre el papel y muchos de los regimientos apenas contaban con el personal

              mínimo para poder conformar unas pocas compañías.


                     En  1884,  con  la  isla  de  Cuba  pacificada,  no  había  otras  expectativas  para  un
              joven oficial en Barcelona que la de sofocar huelgas anarquistas. La Ciudad Condal era

              la cuna del anarquismo español y el principal motor industrial del país. Aupada por el
              proteccionismo  arancelario  y  una  excelente  relación  comercial  con  las  provincias  de

              Ultramar,  Barcelona  y  sus  alrededores eran  la  vanguardia en un Estado  Español que

              había llegado tarde y mal a la Revolución Industrial. Por Barcelona y su puerto entraban
              las modas del resto de Europa y, también, el movimiento obrero que cada vez era más

              importante.


                     La ley constitutiva del Ejército de 1878 era contundente en su artículo segundo:

              “La  primera  y  más  importante  misión  del  Ejército  es  sostener  la  independencia  de  la
              patria, y defenderla de enemigos exteriores e interiores”. No había lugar a dudas, una

              deficiente  estructura  policial  con  escasos  efectivos  y  una  creciente  amenaza  interna
              motivada por unos grupos obreros cada vez mejor organizados, dejaba en manos del

              Ejército la responsabilidad de asumir tareas represivas contra sus propios ciudadanos,
              lo que, por lógica, lo haría antipático a los ojos de quienes, por no poder acogerse a la

              Redención a Metálico, llenaban sus filas en los escalones más bajos.




            17  (CLEJ , 1884, pág. 717)




                         Historia Digital, XXVI, 47, (2026). ISSN 1695-6214 © J. Rivera Chamorro, 2026                  P á g i n a  | 91
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