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Año XXV, Número 46, julio 2025

       Depósito Legal M-34.164-2001
             ISSN 1695-6214


                                         La fruta de la discordia: la crisis de las uvas envenenadas de 1989



                     Después  de  1891  Chile  no  presentó  oposición  sería  a  los  Estados  Unidos;  de
              todas formas, durante la primera mitad del siglo XX la opinión generalizada en Chile era

              contraria  a  los  norteamericanos.  La  secesión  de  Panamá  y  la  construcción  del  canal,

              afectando la navegación por el Estrecho de Magallanes, fueron consideradas como un
              ataque  contra  el  comercio  y  navegación  del  país,  lo  que  se  manifestó  en  la  antipatía

              hacia  la  política  exterior  estadounidense;  Chile  fue  decididamente  contrario  a  la
              intervención de EE.UU en México, y junto con Argentina fue el único país sudamericano

              que conservó una estricta neutralidad durante la Primera Guerra Mundial, (Llanos, p. 14-
              16).



                     El rol de Estados Unidos como mediador en el conflicto con el Perú por Tacna y
              Arica también generó recelos en Chile. El Tratado de Ancón había ordenado realizar un

              plebiscito  para  definir  la  cuestión,  sin  embargo,  el  gobierno  chileno  tenía  sospechas
              fundadas  de  que  John  Pershing,  el  representante  estadounidense  para  la  votación,

              actuaba  en  contubernio  con  las  autoridades  peruanas.  Esto  fue  razón  suficiente  para

              que dicho referéndum nunca fuera realizado, y la cuestión se resolviera con un acuerdo
              salomónico y directo entre ambos países sudamericanos: Tacna volvería al Perú, y Arica

              se mantendría en Chile (Alfaro y Ross, p. 165-168).


                          La  Segunda  Guerra  Mundial  tampoco  alteró  estas  relaciones.  Pese  a  la
              presión estadounidense, Chile no declaró la guerra a las potencias del Eje tras el ataque

              a Pearl Harbor, y en su lugar solamente se realizó una tardía declaración de guerra al

              Japón,  y  para  el  solo  efecto  de  poder  integrar  las  Naciones  Unidas.  En  paralelo,  la
              influencia  económica  de  los  capitales  norteamericanos  aumentó  considerablemente,

              especialmente  en  la  minería  del  cobre,  casi  completamente  dominada  por  empresas
              estadounidenses (Llanos, p. 22).


                     Tras  el  final  de  la  guerra  mundial  la  diplomacia  norteamericana  se  dedicó  a

              mejorar sus relaciones con los países sudamericanos, incluido Chile, realizando aportes

              de  armamento  y  maquinaría,  así  como  generosos  préstamos  y  cursos  de








                        Historia Digital, XXV, 46, (2025). ISSN 1695-6214 © Gustavo Farfán Saldaña, 2025                  P á g i n a  | 7
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