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Año XXVI, Número 47, enero 2026
Depósito Legal M-34.164-2001
ISSN 1695-6214
El nacionalismo aragonés desde sus orígenes
de los aragoneses al declararse como tales, es lo que justifica el carácter nacional de
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Aragón” .
Gaspar Torrente prefirió utilizar el término patria al de nación, como queda
reflejado en 1919 y en abril de 1922, pues en El Ebro se recogen dichas afirmaciones,
destacando como ejemplo sus palabras escritas “la verdadera patria, que para los
aragoneses no es otra que Aragón” . Se admitía que Aragón era una nación, pero
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había que definir sus derechos como tal: independencia de los pueblos, consecución de
la autonomía. Gaspar Torrente en dos artículos, bajo el nombre de Nacionalismo y
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sindicalismo, abordó únicamente la relación entre liberación nacional y liberación social
(Peiró Arroyo, 1999).
En Aragón a falta de una lengua como pilar, como ocurría en Cataluña con el
catalán, o a falta de la nación con una religión distinta como en el caso irlandés, Gaspar
Torrente se sirvió de la Historia de Aragón para justificar la existencia de la nación
aragonesa y sus gentes, pero en Aragón el discurso de Gaspar Torrente estaba
15 Véase Anexo II, El Ebro, 5 de diciembre de 1919.
16 El Ebro, números 16 y 67, septiembre de 1919 y abril de 1922, respectivamente.
17 Los elementos constitutivos de la nación pueden identificarse con: a) El territorio: la actuación nacionalista
no rebasó lo que tradicionalmente se había considerado como aragonés, a excepción de las
organizaciones aragonesistas en Barcelona y Valencia. b) Señas de identidad: historia, raza, religión y
bandera. Las típicas señas históricas son los Fueros, pequeñas alusiones a la Guerra de la
Independencia, referencia a personajes como Goya, Costa, Juan de Lanuza en especial, debido a su
papel como mártir ante la defensa de los Fueros. La referencia a la raza aragonesa es casi inexistente,
“nadie creía en la existencia de una raza aragonesa”. De la misma manera que la utilización de la lengua
no fue otro de los aspectos a resaltar por los aragonesistas, así como la religión. Como afirma Antonio
Peiró, “ante la ausencia de señas de identidad que no fuesen la historia, Torrente intentó la creación de
un nuevo símbolo: la bandera, como puede verse en artículo escritos entre julio de 1920 y julio de 1922
(Peiró Arroyo, 1999, pp. 117-120). Por ello, el nacionalismo como voluntad de afirmación se basó en la
historia y la voluntad.
Historia Digital, XXVI, 47, (2026). ISSN 1695-6214 © G. Gracia Guinovart, 2026 P á g i n a | 68

