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Año XXVI, Número 47, enero 2026

       Depósito Legal M-34.164-2001
             ISSN 1695-6214


                                                       El nacionalismo aragonés desde sus orígenes



              dando lugar a una crisis de identidad nacional en el país, traduciéndose en el desarrollo
              de los nacionalismos alternativos, como el catalán, vasco, gallego, aragonés o andaluz.


                     Atendiendo  a  Aragón,  las  tradiciones  políticas  configuraron  desde  el  siglo  XIX

              diferentes  visiones  sobre  la  identidad aragonesa,  pero  al servicio  del Estado  español.

              Sería entre los años 1880 y 1910, cuando se incorporan los elementos “etnoculturales
              más definitorios del imaginario regional”, como señala Pilar Salomón (2005, p. 198). El

              aragonesismo político penetró en ámbitos sociopolíticos de escasa envergadura en los
              años 20 y 30 del siglo XX, pero no cuestionó o puso en duda la existencia de España

              como nación, llegando incluso a proponer que Aragón se insertara en una federación de
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              Estados ibéricos .


                     Por lo tanto, podemos afirmar que el aragonesismo surgió en la segunda mitad
              del  siglo  XIX,  en  el  seno  de  una  incipiente  burguesía  que  impulsó  la  defensa  del

              Derecho  Civil  aragonés,  la  reivindicación  de  valores  culturales  particularistas  y  la
              recuperación romántica de los orígenes del reino y de sus instituciones medievales. A

              estos factores se añadió, aunque marginalmente, el arraigo aragonés de Joaquín Costa,

              que aunque no fue nacionalista en modo alguno, sí que reclamó de manera insistente en
              sus  escritos  los  derechos  del  mundo  campesino  aragonés.  Sin  embargo,  hasta  la

              Segunda  República  no  aparecieron  las  primeras  formulaciones  políticas  autonomistas
              de distintos signos, en unos casos, o de mera descentralización administrativa, en otros.



                     Para  José  Carlos  Mainer  (1975),  los  principales  “caballos  de  batalla”  del
              aragonesismo político eran “la preocupación por preservar el Derecho Foral, la nostalgia

              institucional de las viejas libertades municipales y la obsesión agrarista” (p. 65). Carlos



            5  Para Pilar Salomón, en la tradición política circunscrita en el liberal-progresismo, la cual fue forjando una
               identidad aragonesa ya desde el siglo XIX, se localizan los presupuestos que planteaba al respecto la
               doctrina  del  republicanismo  aragonés,  pues  la  historia  ocupaba  un  lugar  predominante  destacando  a
               personajes  y  acontecimientos  históricos  relevantes  en  la  historia  aragonesa  a  los  cuales  atribuir  un
               significado de lucha de las libertades y por el buen devenir de la Patria (Salomón Chéliz, 2005, pp. 198 y

               209).




                         Historia Digital, XXVI, 47, (2026). ISSN 1695-6214 © G. Gracia Guinovart, 2026                  P á g i n a  | 60
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