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Año XXV, Número 46, julio 2025
Depósito Legal M-34.164-2001
ISSN 1695-6214
De Filósofo a Emperador: Juliano II en las Galias…
controlada por el rey Hortario (Am. Mar. XVII 10.1-5) donde los soldados romanos
iniciaron una serie de ataques, devastando los campos de Hortario a lo que el rey,
impotente, solo pudo pedir la paz tras ver el poder arrollador con el que habían llegado
los romanos a sus tierras. Concluida la paz y las negociaciones; el Cesar volvió
satisfecho a su cuartel de invierno tras haber pacificado de nuevo un territorio (Am. Mar.
XVII 10.6-10) aún hostil tras Estrasburgo en una rápida campaña preventiva para
asestar un golpe más a la moral germana.
Con la calma planeando sobre las Galias, Juliano se dedicó a reconstruir
fortalezas y a instaurar cierta sensación de estabilidad en unas provincias largamente
castigadas por la guerra en los últimos años (Am. Mar. XVIII 1) tanto a nivel legislativo
como administrativo – recaudación de impuestos – sus objetivos iban encaminados a
buscar esa equilibrio antaño perdido en dicho territorio. Aún así, el Cesar no olvidaba
sus deberes militares en pro de ese objetivo marcado; por lo que se dirigió hacia el norte
donde ocupó fortalezas dañadas años antes, entre ellas Castra Herculis, Novecium…;
como paso previo para un nuevo ataque preventivo contra aquellas tribus aún hostiles a
Roma, antes de que estas pudiesen formar coaliciones que supusieran una amenaza
más seria (Am. Mar. XVIII 2.4-6). Con esto en mente, y al volver su tribuno explorador
de tierras alamanas; se dispuso a partir hacia el otro lado del Rin.
A todo esto, se había reunido un ejército bárbaro en la otra orilla, expectantes de
las acciones romanas, para evitar la devastación de sus tierras como se había visto el
año anterior. Y a pesar de que el Cesar no quería ver involucradas las tierras de los
ahora aliados romanos – los reyes antedichos – estos estaban presionados por sus
vecinos alamanes, lo que les posicionaba en una situación delicada; por lo que la
decisión de Juliano de no hacer pasar las tropas por dichos campos – acostumbradas
estas a saquear e incendiar – se resolvió como una idea acertada, si hacemos caso de
lo que nos dice Amiano (XVIII 2.8-11).
Con ambos ejércitos pendientes el uno del otro, acampados en sus respectivas
orillas, aguardando el movimiento de unos contra los otros. Juliano, conocedor de ello;
Historia Digital, XXV, 46, (2025). ISSN 1695-6214 © Raúl Barrera Luna, 2025 P á g i n a | 117