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Año XXV, Número 46, julio 2025

       Depósito Legal M-34.164-2001
             ISSN 1695-6214


                                         De Filósofo a Emperador: Juliano II en las Galias…



              provincia  en  clara  vía  de  recuperación,  que  declaraba  el  triunfo  de  Roma  frente  a  la
              barbarie  de  la  “no  civilización” (Enjuto  1998,  pg.  235).  Triunfos  y  logros  que,  por otro

              lado, nos cuentan las fuentes – sobre todo Amiano para nuestro caso – se adjudicó, en

              buena medida, el Augusto Constancio II dejando a Juliano ser la “mofa” de palacio con
              apelativos de “griego pedante” o “Victorino” (Sanz 2009, pg. 100).


                     Empero este año, este año; fue la clave. El punto crucial; la inflexión final.


                     Mientras  el  Cesar  andaba  ocupado  en  las  Galias,  la  atención  del  Augusto

              Constancio II se centraba en la parte oriental del Imperio, donde la fragilidad del limes se

              veía amenazada por tribus bárbaras  – en parte previsible – y por un enemigo mucho
              peor, la antítesis o el némesis predilecto: Persia.


                     Sapor el Grande ocupaba el trono del temible adversario que significaba Persia.

              Una Persia capaz de sentir amenazado a todo el Imperio; en una combinación mortal –
              entiéndase  Sapor  y  el  imperio  Persa  –  con  lo  que  Constancio  empezó  a  mover  los

              engranajes  necesarios  para  salvaguardar  el  limes  asiático,  con  un  “toma  y  daca”
              diplomático, con juegos políticos con el trono Armenio, con la presencia de guarniciones

              a lo largo del limes. Siguiendo la trayectoria política “defensiva” heredada directamente

              de  Constantino  en  no  tomar  acciones  altamente  agresivas  contra  los  Persas  –  como
              haría el posterior Heraclio o más tempranamente, el mismo Juliano – (Arce 1987, pgs. 5-

              9).


                     El “leve equilibrio” se rompió ante la toma de la ciudad comercial de Amida por

              parte de Sapor el Grande lo que propicio que Constancio II, en parte haciendo oídos a
              los  rumores  que  corrían  acerca  de  un  posible  intento  de  usurpación  de  Juliano;  y  en

              parte por la necesidad de tropas; mandase que una buena porción de los soldados a
              cargo  de  Juliano  fueran  enviados  a  la  frontera  oriental:  soldados  auxiliares  de érulos,

              bátavos,  celtas  y  petulantes  (los  más  fieles  al  Cesar  aparentemente)  al  mando  de
              Lupicino - mencionado antes en Bretaña – a lo que los soldados se amotinaron en un

              primer lugar – aunque algunos fueron obligados por Decencio a marchar hacia Oriente –

              ( Sanz 2009, pg. 100).




                          Historia Digital, XXV, 46, (2025). ISSN 1695-6214 © Raúl Barrera Luna, 2025                  P á g i n a  | 119
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