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Año XXV, Número 46, julio 2025

       Depósito Legal M-34.164-2001
             ISSN 1695-6214


                                         De Elionor, a sor Isabel de Villena, con Vita Christi para dignificación de la mujer



              aquí Isabel de Villena es audaz e innovadora, en el párrafo en el que Dios pide consejo
              a una de las virtudes, de cómo comunicarse con María deja claro que no se trata de

              ninguna imposición, por lo que no es un anuncio, se trata de una petición.


                     “Emperò vull que vosatres, donzelles molt virtuosesm me digau lo parer vostre.

              ¿Qui será lo embaixador que jo dec trametre per menejar e tractar aquest matrimoni e
              portar a fi aquesta faena? Car jo vull predonar glòria a singular honor a aquesta Verge

              ab qui delibere fermar lo dit matrimoni, que tot se faça a volentat e plaer seu; e si ella no
                                                                       25
              voldra prestar consentiment, que no hi hajares fet…”


                          Otro de los tópicos que sor Isabel transgrede para ensalzar la autonomía y la
              voluntad femenina, es el mito de la virginidad como imposición divina, para la abadesa

              de la Trinidad, la virginidad de María se plantea como una decisión personal.


                     “¡Oh,  missatger  gloriós  ¡¿Com  se  fara  esta  faena?  Car  jo,  moguda  per  divinal
              inspiracio, he fet vot de virginitat ab voluntad deliberada de no a ver jamés ajustyament

              d’hom”
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                          Otro  personaje  trascendente  en  la  obra  de  Villena  es  Eva.  La  literatura

              medieval  nos  la  muestra  como  la  reencarnación  del  demonio,  que  indujo  a  Adam  a
              pecar, configurando de esta forma un patrón valido para toda la condición femenina, no

              obstante, se plantea una dicotomía en la tradición cristina, la representada por María y
              Eva, siendo la primera la mujer benévola, pura, obediente, mientras que Eva como ya

              hemos  dicho,  era  el  símbolo  del  pecado  la  inmoralidad.  En  el  fondo  esto  solo  quiere

              representar,  dos  tipos  de  mujeres,  unas  que  aceptan  las  normas,  aunque  les
              perjudiquen y son sumisas ante ellas, y otras que se revelan ante estos planteamientos.

              Es obvio decir que la sociedad en la que vivía Isabel de Villena solo concebía el primer
              planteamiento, las Evas no contaban para el conjunto social.








            25  ESCARTI VICENT J.; Vita Christi, Isabel de Villena; Institucio Alfons el Magnanim, Diputacio de Valencia
            26  ídem



                      Historia Digital, XXV, 46, (2025). ISSN 1695-6214 © Manuel Casamitjana Peiró, 2025                  P á g i n a  | 187
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